Por Carlos Duguech - Analista internacional

Ningún acontecimiento en América Latina en este último tiempo tiene la relevancia y la singularidad del emprendimiento que encaran las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Iniciadas las conversaciones preliminares en Oslo, la capital noruega (tan renombrada por los acuerdos suscritos en 1993 entre la OLP e Israel), se presentía un panorama alentador y sorprendente a la vez, por el hecho mismo de que, después de medio siglo de enfrentamiento armado entre los guerrilleros y el aparato estatal colombiano (y los paramilitares), se abría, por fin, una ventana hacia la paz. Es comprensible que las deliberaciones de los respectivos representantes en el lugar elegido, La Habana, se desarrollen en un clima donde se pesa -minuto a minuto- el poder de cada parte.

Es necesario destacar -por lo insólito en discusiones de este tenor (procurar acuerdos de paz, nada menos, viniendo desde un conflicto armado de cinco décadas)- que una de las partes propuso al comienzo que se acordara el alto el fuego. La otra parte no lo aceptó, esgrimiendo un argumento que no se sostiene éticamente, si cabe analizar desde esa vertiente los comportamientos del grupo guerrillero y del Gobierno.

Cerramos este breve análisis con un párrafo que el lector seguramente releerá para poder comprender que no se está ante un error que el diario corregirá en una próxima edición: quienes propusieron el "alto el fuego" fueron los representantes de las FARC y los que se negaron fueron los representantes del Gobierno de Colombia. Por buen tiempo hubo una tregua unilateral de las FARC (expiró por el vencimiento del plazo propuesto). Mientras se desarrolla el diálogo en Cuba, las balas hacen su trabajo sucio: matar. De uno y otro lado. Casi como suponer que los roles y las responsabilidades se transmutaron mutuamente. Semejante asimetría en las posiciones hacen suponer un camino demasiado escabroso para alcanzar un objetivo tan necesario y anhelado por América toda.